A sangre fría inicia el ciclo de las novelas de no ficción, publicada por Truman Capote (Nueva Orleans 1924-1984) en 1965, quien elige como tema un asesinato familiar ocurrido en Kansas en 1959. La brutalidad resulta evidente al subrayar el autor la atmósfera de pueblo pequeño, un lugar apacible del Medio Oeste, un entorno rural, en donde transcurre la escalofriante historia. El narrador se esmera en evidenciar el contraste al oponer el foco de atención entre los dos polos: la locura de los asesinos (el interior de los personajes) y la belleza silvestre y natural de los campos en la zona geográfica donde ocurren los crímenes (el paisaje exterior). No quiero decir que si hubiera sucedido en Nueva York, la crueldad se notaría menos, o que no sería tan evidente, no, eso jamás, pero el contraste ayuda a crear un escenario particular que añade elementos y enriquece el contenido. La técnica funciona:
“Pero entonces, en las primeras horas de esa mañana de noviembre, un domingo por la mañana, algunos sonidos sorprendentes interfirieron con los ruidos nocturnos normales de Holcomb… con la activa histeria de los coyotes, el chasquido seco de las plantas arrastradas por el viento, los quejidos lejanos del silbido de las locomotoras. En ese momento, ni un alma los oyó en el pueblo dormido… cuatro disparos que, en total, terminaron con seis vidas humanas.” (pág. 12-13).
Otro elemento que también contribuye a crear atmósfera, es la situación particular de la familia Clutter en el pueblo: los mejores vecinos, el granjero exitoso y buena persona, la hija casi perfecta, la madre vulnerable. Características que idealizan en cierta forma a las víctimas y de esa manera exponen la gravedad y sorpresa de lo sucedido.
El crimen de los Clutter atrajo la atención del escritor quien al leer la noticia en la prensa decide investigar y reconstruir lo sucedido. Capote se traslada al lugar de los hechos: siguió de cerca la investigación policial, visitó en la cárcel a los asesinos y habló largo con ellos sobre sus vidas y las circunstancias familiares y personales que pudieron influir en sus acciones, en el uso de la extrema violencia. Tardó un poco más de seis años en publicar la obra. La labor realizada con un fin literario enriqueció el punto de partida, el interés profesional del escritor nos introduce en un mundo de asesinos desadaptados, sedientos de venganza, peleados con el mundo, incapaces de llevar una vida normal.
LA ETERNA HUIDA
Desde que Perry y Dick se reencuentran -después de haber compartido celda unos años barajando un plan para robar la caja fuerte de la casa del Sr. Clutter -los vemos viajar en coche kilómetros de kilómetros. Luego del crimen, vuelven a la carretera, siempre en ruta, sin asidero en ninguna parte, sin deseo de recomenzar una vida normal, en una eterna fuga hacia el infinito. Tienen planes y fantasías, sueñan con huir, van a México, regresan desilusionados, pero la policía los consigue ubicar y detiene. Luego vendrá el juicio y la pena de muerte. Quisiera centrarme ahora en la huida por largas carreteras. Es ahí donde conocemos a los dos personajes, son muy distintos en todo y este dato es determinante, tienen una vida familiar diferente: Perry muy traumática, su madre muere ahogada por su propio vómito, una mujer alcohólica; su padre un lunático que le prometía el paraíso haciéndolo trabajar duro sin ninguna recompensa; dos hermanos suicidas. En cambio Dick viene de una familia funcional: sus padres son gente pobre, esforzada, gente de bien, resulta más difícil entender su desvarío. Los datos no avalan su comportamiento, parece más rebelde, más inconforme que Perry. Aunque Perry resulta al final el más violento y cruel.
Curiosamente ambos han tenido en su juventud accidentes de tráfico: Perry en moto se fracturó brutalmente las dos piernas, Dick en coche se destrozó la cara. En ese aspecto coinciden, los dos amigos tienen un aspecto extraño:
“Pero ni el físico de Dick ni la galería a pluma que lo adornaba producían la singular impresión de su rostro, que parecía compuesto de partes dispares. Era como si le hubieran partido la cabeza en dos, como una manzana, y luego hubieran juntado otra vez las dos partes pero un poco descentradas. Algo así había ocurrido. La imperfecta alienación de sus rasgos se debía a un accidente de automóvil que había tenido en 1950…” (pág. 35).“Perry estaba también lisiado y las heridas que había sufrido en un accidente de moto eran más graves que las de Dick… Y aunque el accidente había ocurrido en 1952, como sus piernas de enano, cortas y rechonchas, habían sufrido cinco fracturas, las múltiples cicatrices le causaban todavía dolores tan agudos que se drogaba con aspirina”. (pág. 36).
La unión de ambos, y la dependencia casi patológica que esta unión genera, resulta explosiva. Entre los dos realizaron actos de una extrema crueldad, habían prometido que no dejarían testigos y cumplieron con ello, los detalles de los asesinatos fueron escabrosos, una escena terrorífica. Fue Perry quien disparó a la cara o a la cabeza de las víctimas, pero entre los dos los amarraron, los inmovilizaron, los masacraron. Querían dinero y dejaron sangre. La historia es tremenda, lo cual induce a concluir que algo fallaba en sus mentes. Matar sin razón, a una familia de cuatro desconocidos, resulta casi incomprensible, uno tiende a pensar que algún trastorno los indujo a una espiral de violencia.
Fuera de la casa de los Clutter, Perry tendrá algunos momentos de ternura, su deseo de aprender y hablar con corrección y sus dotes con la guitarra, serán sus mejores cualidades. Dick no es un tipo empático, no logra conmover al lector en ningún momento. Quiso matar a algún compañero de ruta e incluso pensó en rematar a Perry para no dejar testigo vivo.
LAS VÍCTIMAS
Herbert Clutter es un personaje agradable. Todo lo que sabemos de él resulta positivo: su decencia, su dedicación al campo y a la familia, la paciencia con su mujer, quien padece algunos trastornos neurológicos o mentales. Sus hijos son jóvenes, unos chicos sencillos, muy normales. Nancy era una joven bondadosa y atractiva. Tenía un novio que vivía en la propiedad vecina, hacendosa y amable, ayudaba a la gente. Parece la hija perfecta que cualquiera quisiera tener. Su hermano Kenyon de quince años aparece desdibujado, poco captamos de él, pero tampoco detectamos algo extraño. Tienen dos hermanas mayores que son independientes, por lo tanto no estaban en la casa la noche fatídica. Los Clutter formaban una familia tradicional, unida, acomodada pero sin lujos ni excesos; en el medio donde se movían, parecían los representantes del sueño americano. Lo tenían todo sin ser por ello vanidosos ni egoistas.
Bonnie Clutter, la madre, era una mujer complicada: tenía depresiones, pasaba períodos hospitalizada cuando requería ayuda médica, vivía metida en sí misma debido a su fragilidad, pero no por eso la familia colapsó. Detalle interesante, porque a pesar de Bonnie y su carga, la familia, aparentemente, funcionaba. Se percibe un buen manejo de los problemas. Precisamente en esos días, preparaban una fiesta para celebrar el cumpleaños de Bonnie, recibirían a familiares que venían de fuera.
EL RITMO NARRATIVO
Tenemos un narrador omnisciente que conoce a fondo lo que sucede, a los personajes que actúan, la zona geográfica en donde ocurren los acontecimientos, el sistema legal que juzgará a los asesinos, las familias implicadas, etc.
A sangre fría podría ser una crónica policial, pero me atrevo a decir que no lo es. Al acercarse al interior de Perry y de Dick, Capote se aleja del estilo periodístico, la recreación de los protagonistas añade un ángulo distinto, el punto de vista no es objetivo, a veces percibimos el deseo de restarle culpa a Perry por sus antecedentes familiares. Como habíamos mencionado, Truman Capote acudió muchas veces a entrevistar a los asesinos entre rejas, se rumoreó que tuvo una buena relación con Perry Smith. Esto es puro cotilleo, pero se percibe cierta tolerancia con un personaje patológico capaz de monstruosidades. Quien escribe siempre aporta su subjetividad, aunque narre en tercera persona.
La narración tiene una dinámica que se repite: se desliza de un espacio a otro con naturalidad: desde la carretera en donde estos dos tipos planean el asesinato a la casa de los Clutter y las actividades que ellos realizan; desde el establo hasta la iglesia, pasando por Holcomb y la vida sencilla de sus habitantes; de las visitas a los padres de Dick al viaje a México que fracasa; de la búsqueda infatigable de los policías por capturarlos a la casa de la hermana de Perry, etc. Este deambular de un escenario a otro, marca un ritmo particular y ofrece una visión amplia del conjunto. El tiempo y el espacio están fragmentados, sin embargo la narración es armónica, el lenguaje preciso (a pesar de que estamos trabajando con una traducción del inglés al español), las descripciones acertadas y breves. Es un mérito del escritor la integración de diferentes espacios y al mismo tiempo el lector siente el cambio de aire en cada cambio de escenario.
Me gustaría destacar otro acierto a nivel estructural: el lector se entera de lo sucedido en las primeras páginas, cuando los vecinos encuentran los cadáveres; sin embargo, sólo sabrá qué pasó exactamente cerca al final de la novela, cuando los acusados confiesan sus crímenes. Es ahí cuando los mismos asesinos reproducen la escena sin dejar ningún punto por resolver. De esa manera, retrasando la información, Capote consigue mantener el suspenso.
EL JUICIO
Dados los detalles del asesinato y el conocimiento cercano de las víctimas por aquellos que juzgan, intuimos muy pronto que los culpables tendrán una pena mayor. Se trata de un juicio rápido, de apariencia justa: los acusados declaran con precisión y detalle lo que hicieron y cómo lo hicieron. Las evidencias las proporcionan ellos mismos. La huellas de los zapatos los condenan, buen final de la historia.
Lo que viene después del juicio, me parece menos interesante: la prisión de los condenados, la muerte de ambos, los casos de los otros presos que esperan la horca: datos que aumentan el morbo pero no contribuyen a nivel contenido. Podría haberlos borrado Capote del conjunto, y no hubiera pasado nada. Sin embargo es imprescindible comentar la legitimidad de la pena de muerte como condena.
LA PENA DE MUERTE
Este es un tema central que plantea la novela. Al que mata ¿se le debe matar? ¿Es ésta una medida justa, o un acto de venganza? Son pocos los países occidentales que mantienen vigente la pena de muerte al día de hoy; un recurso cuestionado por muchos, yo me incluyo. La violencia no debería generar más violencia. Pero en ciertos lugares es la ley quien la permite y exige. Imagino que, con estas medidas, intentan desanimar a los posibles asesinos por temor a recibir el castigo.
Creo que ésta es una reflexión que supera los límites de este análisis literario. En A sangre fría, la pena de muerte es un dato importante, define el contexto. Igual que lo es el racismo imperante en Kansas en aquella época. Cuando Perry dice haber matado a un hombre, añade minimizando el hecho:
“Pero con un negro –respondió Perry- es distinto.” (pág. 107).
También es importante señalar la religiosidad de la gente, sobre todo en una zona rural donde suceden los hechos. La iglesia tiene una presencia importante, marca pautas, es parte de la cultura popular. Cutter ve difícil que prospere la relación de Nancy con su novio porque ella es metodista y él es católico.
“… Garden City. Es una comunidad religiosa. Once mil habitantes y veintidós iglesias. Y la mayor parte de los ministros del culto se oponen a la pena capital, diciendo, diciendo que es inmoral, poco cristiana.” (pág. 248).
La defensa apeló:
“… La ley nos dice que tomar la vida de un hombre no es lícito, pero a continuación da ejemplo de lo contrario, cosa tan malvada como el crimen que trata de castigar. El estado no tiene derecho a infligirla. No sirve de nada. No impide el crimen sino que abarata la vida humana y d lugar a nuevos delitos. “ (pág. 280).
Sin embargo el abogado ayudante del Fiscal, el Sr. Green, se refugia en la religión y apela al Génesis:
“Aquel que vertiera sangre de hombre, verá su propia sangre vertida por los hombres.” (pág. 281).
Y por último, no podemos dejar de mencionar la pobreza de un país que sufrió la crisis económica del año ’29. Las familias de los dos asesinos han vivido la amarga experiencia de no poder acceder a un mundo laboral prometedor. Tanto los padres de Perry como los de Dick, vivieron épocas muy duras. La infancia de ambos chicos estuvo marcada por años de carestía: mala o poca alimentación, falta de recursos, sin educación, circunstancias difíciles y dolorosas para padres e hijos. Y este no era el caso solo de los protagonistas. La gente que se encontraban en la carretera pasaba hambre también. El chico que recogieron con su abuelo, por ejemplo:
“Estábamos cortando leña. Cortando un tocón. A la mitad, , la tía va y me dice que no podía más. ¿Has visto alguna vez a un caballo que se echa al suelo y no se levanta más? Yo sí. Eso hizo mi tía. Unos días antes de la Navidad, el hombre que le había alquilado la granja al viejo nos echó a la calle”. (pág. 197).
Y la madre de Dick cuando queda viuda:
“… su marido había muerto, ella había perdido la granja y, como le contó a Dick, vivía ahora con un pariente y luego con otro.” (pág. 295).
El contexto social y económico queda claramente definido, sin referencias políticas ni tampoco históricas. Prestando atención a la vida de la gente que aparece en A sangre fría: como habla, como piensa y como vive y muere, tenemos información sobre la época y la situación del país. Por todos estos aciertos, la novela de Truman Capote es un clásico de la literatura norteamericana.
Los datos han sido tomados de la edición de bolsillo de Anagrama. Buena traducción de Fernando Rodríguez.