La vida juega conmigo

David Grossman

David Grossman (Jerusalén 1954) articula este interesante relato inspirado en un personaje de la vida real: Eva Pani’c Nahir . Conmovido por la historia de esta mujer, y al mismo tiempo consciente de los temas profundos e inquietantes que la vida de ella plantea, Grossman decide convertirla en literatura. 

LA HISTORIA REAL

Eva, Vera en la ficción, es una judía croata, hija de familia acomodada, que se enamora de un humilde soldado serbio, se casan y tienen una hija, Nina. Luchan contra el nazismo en la Segunda Guerra Mundial, y cuando Tito gobierna Yugoslavia, Milosh, su marido, es detenido acusado de traición. En la cárcel, víctima de los torturadores, Milosh se suicida. Los esbirros de Tito detienen a Eva y la amenazan: o declara públicamente que su marido era un traidor estalinista que planeaba derrocar a Tito, o la encierran a ella en un campo de trabajos forzados y, como consecuencia, su hija de seis años quedará en la calle. Eva, destrozada por la muerte de Milosh, su gran amor, se niega tajantemente a declarar que fue un traidor. Prefiere ir a la isla Goli Otock, un infierno en donde el maltrato y la vejación serán la rutina, decisión  que implica abandonar a su hija Nina a su suerte. La idea de deshonrar a su amado, le resulta inaceptable. Este es el punto de partida en La vida juega conmigo. La gran cuestión: ¿defender la reputación de su marido?, ¿o apostar por la crianza de su hija?

Este punto es el eje de la ficción de Grossman: la decisión de Vera y sus nefastas consecuencias serán el centro de su relato: Nina, no podrá superar el abandono sufrido. Ella no conoce los detalles, pero experimentó la ausencia repentina de sus dos padres  y el trauma la convierte en una persona difícil, incapaz de mantener lazos afectivos, una mujer ácida que vive huyendo, con el corazón lleno de odio. Tendrá una hija con Rafi, pero en vez de superar sus carencias con la maternidad, comete la misma falta: abandona a Guili por su incapacidad para asumir esa faceta de su vida. La historia, con otras características, se repite, Nina hace con Giuli lo que tanto le dolió que hicieran con ella. 

Cuando Vera cumple 90 años, la familia se reúne para celebrarla, y Nina, diagnosticada de alzheimer, exige un viaje de las tres mujeres y Rafi a Goli Otock, para enfrentarse al fantasma del pasado. Este es el cuerpo de la novela: lo que cuenta Vera de su reclusión en ese horrible lugar, termina por despertar una suerte de piedad en Nina, comprende finalmente el amor que su madre tenía por su padre, que no fue ella la única que sufrió, que su madre tuvo muchos padecimientos también por haber renunciado a deshonrar a su marido; y en las tres mujeres de la familia se produce una especie de catarsis. Hablan, se escuchan, se conocen, se reconocen. Rafi, director de cine, se encarga de filmar el encuentro, junto con Giuli, su hija a quien él ha enseñado el oficio.

LAS RELACIONES FAMILIARES

El interés de Grossman se centra en las relaciones familiares de los personajes: cómo se establecen los vínculos entre ellos, de qué naturaleza son las alianzas, por qué surgen las distancias, cómo influyen los roles que cada uno mantiene en el grupo; en fin, los extraños caminos del amor. Todo esto en un historia dramática, con muchos ángulos, complejidad  y una buena dosis de pasión.

Curiosamente es Rafi el personaje que hace de nexo entre las tres mujeres. Adora a Nina, y a pesar de que ella lo maltrata, se mantiene firme a su lado cuando Nina lo permite, sin esperar nada a cambio. Ha cuidado y protegido a su hija Guili desde que Nina los abandonó, entre ellos hay un inmenso cariño y una auténtica amistad. Curiosamente, Rafi, el hombre entre las tres, es el más maternal, el más tierno.

¿Quién es Rafi en esta familia? Años después de Goli Otock, Vera emigró a Israel con Nina, allí conoce a Tuvya, padre de Rafi, y se casa con él. Vera asume a Rafi como si fuera su propio hijo. Dolido por la muerte de su madre, el chico se muestra hosco y huraño, pero Vera despliega su maternidad frustrada y gana su afecto, llega a sugerir que decidió casarse con Tuvya para salvar a Rafi. Hace con él lo que no pudo hacer con Nina. Su arisca hija, era para ella, un caso perdido. La cosa se complica porque Nina se enamora del hijo de Tuvya: el amable y generoso Rafi, con quien tendrá una niña: Giuli. Este hombre es un remanso de paz, él mismo define su gran amor por Nina con gran sencillez:

“-Sé amarla. Puede que te suene patético, puede que te parezca que no merece amor, pero yo sé cómo quererla en cada una de sus situaciones. Eso es lo que tengo en el mundo, saber amar a una persona a la que no es fácil amar. Hacer que le sea más llevadero estar consigo misma”. (pág. 85).

Giuli: La historia de estas tres mujeres, nos recuerda la importancia del pasado, eso que está de moda y se conoce hoy con el nombre de  Constelaciones Familiares. A Giuli, le duele la traición de su abuela a su madre, sin embargo no la acoge, al contrario, la rechaza porque Nina, su madre, también la abandona. La chica no es consciente de que suma dos abandonos, dos dolores. A nadie le sorprende que no quiera tener hijos. Dadas  las circunstancias, la maternidad es una carga para ella. Duele el desprecio por su madre aunque se comprende, claro, pero la alianza tan fuerte con su abuela es injusta y vengativa. No reclama a Vera que dejara tirada a su madre, más bien se enoja con Nina porque repite el numerito con ella. El problema con Giuli es que Vera ha sido su verdadera madre, quién la cuidó después de su intento de suicidio, la mujer que estuvo siempre a su lado: ¿cómo rechazarla, entonces? 

Vera es un personaje difícil de definir. Todo el mundo la adora, menos su hija. Ella brilla allá a donde va, la familia de su segundo marido la recibe con los brazos abiertos  y la convierte en el centro de sus vidas: es una mujer franca, libre, con una energía muy especial. Atractiva, hasta en su manera de hablar, con fuerte acento extranjero, despierta simpatías en todos los niveles, una señora con una personalidad muy fuerte. Hasta Rafi la venera, a pesar de que él conoce el origen de los males de su querida Nina, males que terminan siendo los suyos. Esta Vera es mérito de Grossman, porque cuando he visto algunos videos en internet, Eva Panic, resulta un personaje menos amable, menos seductor, yo diría que muy egocéntrica, blandiendo la bandera del fanatismo por su querido Milosh como si no hubiera nada más, ni nadie más, sobre la tierra. Pero su gran cualidad es su fuerza interior que oscurece a cualquiera que se acerque a ella, Vera es un portento. Nina la define con precisión al compararse con ella:

“-Pero -¿cómo pudiste soportarlo?
-¿Soportar qué?
-Esto. Estar aquí, en Goli. ¿Cómo no…?
-Cuando hay que hacer eso, lo haces.
-No…, tú eres fuerte… -murmura Nina-, eres muchísimo más fuerte que yo. Estás hecha de otra pasta.
-Pero también tú soportaste mucho –dice Vera con dulzura-, no olvides… y el mismo tiempo que yo estuve aquí.
-Yo no lo “soporté”. A mí me destruyó.
No, Nina, no digas eso así…
-Pues claro que lo digo. Aunque te cueste oírlo, lo voy a decir. Porque tú saliste de aquí y enseguida encontraste trabajo en Belgrado, y después nos fuimos a Israel, donde también en seguida te hiciste con una nueva vida y una familia a pedir de boca, porque tenías a Tuvya y a Rafi y a todo el kibutz; ya viste lo de la fiesta del sábado pasado…” (pág. 296).

Nina es quien paga las facturas. Su infancia se trunca el día que se queda sin sus padres. La recoge una tía que no es buena con ella, pero en La vida juega conmigo, el devenir de Nina en esos tres años es ambiguo, muy incierto. Se menciona el peligro de los niños arrojados a la calle en aquella época de la dictadura, pero no tenemos detalles concretos de esos años vividos por Nina. Grossman escarba, intenta llegar al fondo del dolor compartido, y creo que los silencios son determinantes, ayudan a comprender el desasosiego, el odio a su madre, su ninfomanía. Cuando están en la isla, y Nina le pide a Vera que le cuente más sobre su relación con su padre,  se queja de la falta de información sobre la vida de ellos antes de la muerte de Milosh. Reprocha a su madre que sólo hablara de Goli Otock, lo cual debió ser una manera inconsciente de defenderse frente a su hija: ojo, yo también tuve que sufrir.

Al final, Nina es capaz de hacer esta reflexión, momento crucial de su aceptación:

«-Explicadme de una vez por qué sigo atascada ahí, en Goli. ¿Por qué no soy capaz de admitirlo sencilla y llanamente?
-¿Qué tiene esto todo de sencillo? –se enfada Vera.
-Pues que sencillamente había una dictadura. Y como ha sucedido en otras cien dictaduras de la historia, metieron a esta mujer llamada Vera Novak tres años en un gulag y de paso le jodieron también la vida a su hija, así de simple. Pasó, terminó y a seguir adelante. ¿Con la cabeza bien alta!
… -¿Por qué llevo atascada en esta mierda casi sesenta años? –dice Nina sorbiéndose la nariz-. ¿Quedarse siendo una niña de seis años y medio durante cincuenta y seis no resulta un poco exagerado?” (pág. 216).

Una muestra de la dimensión del trauma y del sufrimiento, que por primera vez, quizá, puede verlo con cierta objetividad. Pero en la vida, esto lo sabemos todos, cuando hay tanto dolor, la subjetividad termina empañándolo todo.

EUROPA DEL ESTE EN LOS AÑOS POSTERIORES A LA GUERRA

Hay otras temas importantes, a parte de las relaciones materno filiales. El repaso histórico de la Europa del Este después de la Segunda Guerra, es un magnífico telón de fondo. Para aquellos europeos, habían dos fuerzas que se los disputaron: los nazis y los comunistas. En ambos casos, estamos hablando de regímenes dictatoriales, autoritarios y represivos, situaciones de mucho dolor, un continente desgarrado por una guerra, muchas carestías, sufrimiento  y muerte. Los padres de Vera terminan su vida en Auschwitz; ella y Milosh son víctimas de la diferencias entre Stalin y Tito; y  al mismo tiempo la sorpresiva unión de una croata con un serbio nos recuerdan los problemas étnicos de los Balcanes. Vera reconoce que su hermana, en cuya casa terminó refugiada Nina, nunca pudo aceptar a su marido serbio, por esa razón maltrató a Nina. En fin, son muchas las situaciones que señalan la compleja realidad de esa zona geográfica en aquellos años. Y para ampliar más el panorama, tenemos a Israel como lugar de acogida para Vera: un mundo nuevo, en donde aterriza para rehacer su vida. El kibutz parece ser el escenario ideal de una nueva etapa. También hemos sabido que Nina deambuló por otras ciudades como nueva York, y su último hogar estuvo cerca del polo norte. La necesidad de atravesar fronteras es simbólica en la vida de Vera y Nina, buscar un camino implica riesgo y novedad.

EL GRAN DILEMA EXISTENCIAL

Pero, realmente, el tema central es la elección que tuvo que hacer Vera: ¿marido?, o ¿hija? No quisiera imaginarme a mí misma teniendo que pasar por una disyuntiva igual, tremenda situación que exige elegir entre dos grandes amores. Yo sé que la mayoría de gente, y más concretamente la mayoría de mujeres, hubieran optado por rescatar a la niña. Sin embargo Vera no tiene dudas de que hizo lo correcto. A pesar de que Milosh estaba muerto, ¿qué más da declararlo traidor si ya no está para sufrir la vergüenza? A la gran mayoría, le parecerá más importante apostar por la hija que tiene la vida por delante. Pero Vera no puede aceptar la idea de deshonrar a su marido. ¿Qué podía ofrecerle a su hija, se preguntó, después de traicionar a su hombre? Según ella, no podía ofrecerle nada. 

Esta disyuntiva es lo más interesante de La vida juega conmigo: en la visita a la isla, Vera habla de su amor por Milosh, esa gran pasión que iluminó su vida, por él dejó todo, fue a pie a rescatarlo en plena guerra y lo salvó; herido, lo cargó sobre su espalda; en fin, podría seguir enumerando las experiencias que compartieron juntos, pero Vera lo resume de esta manera:

“-Lo amaba,
-¿Más de lo que amabas a tu hija?
-Más de lo que amaba mi propia vida.” (pág 260).

Y es tan convincente su discurso amoroso, que hasta Nina termina por conmoverse y aceptar la realidad. Es el amor incombustible de Vera por Milosh lo que permite la reconciliación entre la madre y la hija, no las torturas relatadas de Goli Otock.

LA GRAN PREGUNTA

Para mí, lo que Grossman deja en el aire, es una pregunta con difícil respuesta: ¿hay amores de pareja tan herméticos que no dejan espacio para un hijo/a? Creo que esa es la duda que nos deja esta lectura. Incluso Vera sospecha que algo así pudo suceder. Cuando habla con una de sus carceleras, ésta le dice que la recuerda del pueblo, paseando muy enamorada de su marido. Luego concluye:

“…Y siempre hablabais mucho –dice la carcelera-, él y tú, discutías y os reías.  Recuerdo que una vez hasta bailaste alrededor de tu hombre, y yo, que no reconocía todo esto en mi marido, me preguntaba: -“De qué hablarán tanto?”. “De todo –dice Vera-, no había nada en el mundo de lo que no habláramos”. “Y la niña no hacía más que tiraros del brazo de tu bolso, de los pantalones de tu marido, para que le hicierais caso; hablaba con las ardillas, con los cuervos, era una niña muy seriecita…” (pág. 293).

Esta es la única versión que tenemos de la familia desde fuera. Y el rencor de Nina, también, apunta a unos posibles celos por estar fuera del círculo. ¿Son las pasiones excluyentes? No hay nada escrito sobre cómo funcionan los afectos, pero podemos percibir un amor avasallador en este caso, que dejará muy poco lugar para alguien más. 

También me gustaría mencionar la duda final de Vera: 

“Por qué lo hiciste, Milosh? ¿Por qué puedo llevar yo dos años siendo fuerte y tú te viniste abajo el primer día que te pegaron? ¿Por qué no te refugiaste en todo el amor que te di? (pág. 286).

LA ISLA

Un gulag más, de los muchos que hemos revivido leyendo literatura. Una vergüenza diseñada por el hombre para encerrar a aquellos que no piensan como ellos: un injusticia demencial.

Cuando Vera recuerda su cárcel, los párrafos están escritos con otra letra. Todo ello pertenece al pasado que no quiere recordar. Debido a la visita planeada, las imágenes se cuelan en el presente. Curiosamente, lo que evoca es aquel castigo inflingido por la Comandante del Campo para conseguir rendir a la orgullosa Vera: utilizarla de sombra para intentar que creciera una planta en medio de un calor y un sol abrasador. Grossman pudo elegir cualquier otro, pero quizá recrea esa, porque ahí sale a relucir el instinto materna de Vera. Cuida a la planta, como le hubiera gustado cuidar a su hija. 

Por lo demás, todo lo relacionado a la isla nos resulta conocido: autoridades crueles y abusivas, desconfianza de las reclusas hacia todo ser viviente, incluso sus compañeras de penurias, cualquiera puede ser una delatora; el lugar inhóspito y las tareas brutales a las cuales son sometidas las mujeres. Un infierno en la tierra.

Los textos han sido tomados de la edición de Lumen 2021. Traductora: Ana María Bejarano Escanilla.